Jolgorio en Emaus

Día soleado de invierno. Ante la cercanía de extraños, ‘Ringo’, ‘Dulfy’ y sus amigos de pelaje hirsuto agudizan los sentidos. Ruidosos ladridos. Fieros colmillos. Signos inequívocos de absoluta desconfianza que tardan en acallarse en la ciudad de Emaus, donde reina la pobreza extrema y el olvido de un gobierno tras otro.

Las pelucas rizadas, los multicolores trajes y rostros cubiertos de mascarillas con sonrisas dibujadas, contrastan en el asentamiento humano situado en la cima de un cerro que roza el cielo color panza de burro.

Sin querer, ‘Bolita’ con uno de sus largos zapatos ha pisado el inquieto rabo de ‘Dulfy’. Como es natural, el perro de pelo oscuro intenta clavar los dientes en la pantorrilla con calcetín rayado. Sin embargo, ‘Bolita’ hace las paces con él y saca del bolsillo de su pantalón una sabrosa galleta. Crunch, crunch.

Pero el lamento de ‘Dulfy’ ha llamado la atención de Luis, uno de los habitantes en viviendas con paredes de madera y techos de calamina. Desde la puerta, el joven albañil que ha dejado de trabajar por la pandemia, observa a los visitantes inusuales que suben fatigados la empinada escalera de cemento pintada de amarillo.
—Pensé que no venían —dijo Luis acercándose a ellos.
—Lo prometido es deuda, caballero —respondió ‘Tomatito’ en tono muy alegre y recuperando el aliento, agregó—¿Y quiénes son los cumpleañeros? ¿Dónde están que no los veo?

Luis sonrió. Hizo un gesto de espera con ambas manos. Giro sobre si y caminó hacia las otras casas teñidas del verde musgo. Tocó puerta por puerta e intercambió algunas palabras con los ocupantes. Sus rostros se iluminaron de alegría.
Mientras tanto, ‘Bolita’, ‘Tomatito’ y ‘Florcita’ dejaron las grandes bolsas que traían sobre una mesa de madera. Unas contenían víveres de primera necesidad y prendas de vestir; otros, muchos dulces y pequeñas tortas.

‘Florcita’ pidió que le prestaran un balde donde mezcló agua y lejía, usando las cantidades adecuadas. La solución serviría para desinfectar el lugar. Con mucho esmero, sus compañeros ayudaron en la tarea, mientras tarareaban:

Mi novia Julieta vende maletas

Me enamore de su dorado cabello

que termina en dos largas coletas.

Me convierto en un sapo bello

cada vez que le da una rabieta.

Luego, cogieron tizas de colores para dibujar círculos de aproximadamente metro y medio, donde estarían ubicados los pequeños que cumplían años. Con sprays rociaron alcohol en las manos de los asistentes y repartieron cubrebocas.

Los velos de tristeza en los rostros de los niños se dispersaron. Sus ojos irradiaron un brillo especial. Muy pronto, momentos de alegría tocarían sus corazones. La densa neblina y el frío que atraviesa la piel y los huesos tardarian en aparecer.

Los primeros acordes musicales escapaban de un amplificador algo deteriorado, pero que aun resultaba util.
Cogiendo un micrófono, ‘Tomatito’ carraspeo antes de pronunciar las primeras palabras del animado show.
—Niños y niñas de Emaus, ¿¿¿cómo están???

52 Retos Literup (12 Relatos)

Reto # 10. Esta semana los disfraces son los protagonistas. Tus personajes deben ir disfrazados durante todo el relato.