Un rey sabio llamado Basilio

Detrás de las cortinas blancas, Andrea revoloteaba como una mariposa buscando la salida. Por décima vez, ella se asomó a la ventana del dormitorio. Como todos los días grises, solo los autos rompían el silencio de la calle. Pero Andrea tomó una decisión y bajó a la primera planta.
Escuchaba las pisadas de sus zapatillas blancas en los escalones de madera. Cuando llegó a la puerta, algo la detuvo. Buscó en los bolsillos de su casaca roja con capucha. No encontró el celular, pero sí la billetera rosa.
—¡Caramba! —exclamó, apretando los dientes bajo la mascarilla que le cubría el rostro.
En la sala, su hermanastra Tania trabajaba en la computadora. Por fortuna, ella no advirtió la presencia de Andrea, quien caminó de puntillas hacia el fondo del pasillo. Se dirigió a la habitación que había ocupado su padre. Hacía un año de su partida y la adolescente aún no podía resignarse. Sentía el alma oprimida.
Horas antes, Andrea había estado en esas cuatro paredes leyendo una novela de fantasía. Abrió la puerta y entró. Buscó el aparato sobre el escritorio con restos de polvo, en los infinitos estantes de los libros y en el piso que brillaba como espejo. Desordenó los multicolores cojines del sillón. Lo encontró. Suspiró aliviada. Guardó el celular en el bolsillo de su pantalón, giró sobre sí y caminó hacia la salida.
De pronto, su rostro era de nieve. La puerta estaba cerrada con  llave. ¡Cómo pudo suceder! Golpeó una, dos, tres mil veces. Gritó el nombre de Tania hasta quedar sin voz.

Derrotada, la muchacha se derrumbó en el sillón. Una dulce melodía la sacó de sus pensamientos. Miró la pantalla del celular. “Andrea, ¿a qué hora vienes a la Casita Covid-19? No pasará nada. Somos jóvenes”, decía el mensaje.
Pensó en su madrastra Jimena que laboraba lejos del hogar. Pensó en su padre Leonardo, un señor de carácter fuerte que inspiraba admiración y sobre todo respeto. Él nunca hubiese caído en un momento de debilidad.
Su triste mirada recorrió la habitación hasta posarse en los libros dispuestos como soldados listos para el combate. Se puso de pie y escogió uno al azar. Al hojearlo, contempló la belleza de sus ilustraciones en blanco y negro. Ellas mostraban bosques fantasmales, grotescos enanos y la imponente fachada de un castillo medieval.

Andrea se detuvo en la imagen de un rey sentado en su trono. Su mirada derramaba melancolía. La joven sintió algo muy extraño. No pudo apartar la vista de la figura del monarca. Poco a poco, sus párpados fueron cerrándose hasta caer en un profundo sueño. Aquel mágico libro se deslizó con suavidad por uno de los brazos del sillón. Silencio.


Abrió los ojos. Acostada de lado, Andrea respiraba el olor de la tierra recién mojada por la lluvia. Las últimas gotas no dejaban de caer.
Ella se levantó con dificultad. Vio que los árboles estaban desnudos y sus ramas eran largas y filosas garras.
Su cuerpo se estremeció más al escuchar el chirriar de las lechuzas. Sin embargo, ella se armó de valor y caminó midiendo cada paso, mirando a su alrededor. <<Tranquila, Andrea, estás soñando y pronto despertarás>>, pensó.
Por accidente, cayó en un enorme hoyo cubierto por hojas secas. No tardaron en aparecer cuatro enanos que usaban tapabocas y portaban arcos, mazas y sogas. Cubrían sus cuerpos rollizos con pieles de lobos grises y llevaban gorros de color negro. Eran cazadores de recompensas.
—¡Auxilio! ¡Auxilio! —gritó la joven.

—Sí, Lavinia. Pronto saldrás de allí y luego, te llevaremos al castillo —respondió uno de ellos.

—Cobraremos lo que nos corresponde—añadió otro, mientras sus ojos brillaban de codicia.
Ella no comprendió lo que hablaban. Le arrojaron una cuerda y le dijeron que la atara fuertemente alrededor de su cintura. Cuando ella estuvo fuera de la trampa, todos se miraron sorprendidos al ver su extraña vestimenta.
—¡Suéltenme! ¡Ustedes se confunden!¡Yo no soy Lavinia! —protestó Andrea, mientras ataban sus manos. Dos enanos, uno trepado en los hombros del otro, le colocaron una mascarilla.
—¡Basta! Hablarás delante del rey Basilio —afirmó el de voz más chillona. Y entonces, emprendieron el camino hacia el castillo de color gris ceniza que descansaba sobre una montaña. En el cielo, las estrellas y la luna pugnaban por adueñarse de la noche más oscura.
                          ***
En el salón principal del castillo se realizó la audiencia. Solo algunos miembros de la corte estuvieron presentes.
Bajo las luces de antorchas humeantes, uno de los enanos hizo una reverencia y tomó la palabra.
—Su Majestad, capturamos a Lavinia en el bosque tenebroso.
Sentado en su trono, el soberano de escasa barba, lucía una corona de oro con piedras de rubíes. Su túnica era larga y dorada y encima de ésta, llevaba varias capas de seda.

Andrea soltó un suspiro. Mantenía la cabeza baja porque a veces ella encontraba la solución de algún problema fijando la vista en el suelo.<<Nada es real. Todo es un mal sueño y en cualquier momento, despertaré>>, pensó.
—Acércate, Lavinia —ordenó el monarca con mascarilla azul.
Andrea obedeció y alzó la mirada. Dio cortos pasos y quedó petrificada. Su corazón saltó de alegría.
—¡Papá! ¡Eres tú! —exclamó emocionada.
—¡Qué insolencia! ¡No olvides que soy el rey! —respondió y frunció el ceño.
—Pero si tú eres mi …
—¡Silencio!
Su voz estalló en cólera y sacudió el lugar como una débil hoja de papel.

—Al no cumplir la cuarentena estipulada por la ley y arriesgar cientos de vidas, quedarás encerrada en la torre más alta del castillo hasta cumplir la mayoría de edad.
—¡Pero padre, solo tengo 14 años! —subrayó la joven.
—No tendrás acceso a libros ni a instrumento alguno de escritura… Y mucho menos a ese invento diabólico llamado internet.
—¡Nooo! ¡Padre, no puedes hacerme esto! ¡Nooo! —imploró ella.
A su turno, los cuatro enanos y los miembros de la corte empezaron a repetir en coro:
—Distanciamiento social… Nueva normalidad…Distanciamiento social…Nueva normalidad… DISTANCIAMIENTO SOCIAL… NUEVA NORMALIDAD… DISTANCIAMIENTO SOCIAL… NUEVA NORMALIDAD…

Aquellas palabras le martillaron las sienes. Sus rostros desfigurados la atormentaban. Ella optó por encogerse como un ovillo de lana en medio del salón.
De repente, la adolescente escuchó una voz que le era familiar.
—¡Andrea! ¡Andrea, despierta!
La joven sintió que la sacudían del brazo. Cuando ella despertó, aún temblaba de pies a cabeza y permanecía hundida en el sillón. Tania la observaba con curiosidad.
—Perdóname. Fui una egoísta. No volveré a intentarlot. Te lo prometo —dijo entre sollozos.
—Olvídalo, niña. Solo tuviste una pesadilla —respondió Tania, mientras le acariciaba sus cortos mechones de cabello—. Escucha, sube a tu dormitorio. Te espera una sorpresa.
Andrea secó sus lágrimas con el pañuelo blanco de su hermanastra. Tania sonrió.
Luego, recuperada del mal momento, la adolescente se dirigió a su habitación. Sobre la mesita de noche, encontró un paquete envuelto en papel de regalo. ¡Qué despistada! ¡Había olvidado que era su cumpleaños!
Muy emocionada, lo abrió. En sus manos tenía un libro titulado “Un rey sabio llamado Basilio”.
Ella quedó desconcertada, pero algo en su interior le decía que no temiera y entonces, su alma sintió paz. Comprendió que las cosas ocurren por alguna razón y siempre uno debe estar dispuesto a hacer un sacrificio.
<<No lo soñé. Realmente sucedió.A pesar de todo, lo volví a ver>>, pensó.
También había una cajita dorada. La destapó y encontró la estatuilla de bronce de un monarca. La puso al lado del portarretratos de su padre.
—Te prometo que seré una buena hija. Te lo prometo.

Pesadilla

Este microrrelato está enlazado al relato del mes de julio “El Monstruo” de @danipsicologa80 https://laestacionliteraria.blogspot.com/2019/07/relato-mes-de-julio-origireto2019-el.html?m=1

Se recomienda leer previamente dicho relato.

La espesa bruma cedió ante la presencia de manchas gigantescas. Con inusitada fuerza, sacudían las ramas de los árboles como si fuesen de papel, espantando a las aves de todos los tamaños y sobre todo a las de grandes ojos y narices aguileñas.
Movida por su instinto de supervivencia, Amy se ocultó detrás de arbustos espinosos. Cuando ella alzó la vista, no podía creerlo. Decenas de gusanos colosales avanzaban en el bosque y a su paso, engullían las plantas con sus dientes afilados. Los pegajosos cuerpos eran del color de la tierra húmeda y sus deformes cabezas mostraban cuatro antenas. Amy respiró aliviada, cuando los moluscos gigantes pasaron de largo.

De pronto, ella escuchó gritos desgarradores a lo lejos y luego, un absoluto silencio. Poniéndose de pie, Amy retomó la huida con la capa hecha jirones. Esta vez nada ni nadie impediría que volviera a la residencia universitaria.

El microrrelato anterior está enmarcado en el #OrigiReto2019. Tiene 893 caracteres y cumple los siguientes puntos del reto:

Objetivo #21: Cuenta una historia que suceda en un parque de atracciones.

Objeto oculto #18 : Una plaga de babosas.

Pueden consultar las bases del reto en los siguientes blogs:

@Musajue http://plumakatty.blogspot.com

@Stiby2

http://nosoyadictaaloslibros.blospot.com