Recuerdos

#52 Retos Literup (12 Relatos)

Reto #13: Un personaje se despierta con una cicatriz enorme y no sabe cómo se la ha hecho. Haz que recupere sus recuerdos durante el relato hasta que al final descubre la verdad.

Parpadea una, dos, tres veces hasta ser capaz de mantener la vista en un punto fijo. Sin compasión, la angustia extiende sus cabellos de serpientes. La aprisiona, pero sin asfixiarla. Respira sin agitarse.
Ella ha despertado en la cama de una habitación extraña. Su mirada inquieta empieza a recorrer cada objeto. Muy cerca, encuentra la compañía de un sillón de madera huérfano de cojines.

Le sigue una diosa, toda ella de piel azul luciendo muy orgullosa el brillante casco y la armadura. En la mano izquierda, sostiene con firmeza una lanza. Su imagen infunde valor.

Al fondo, dos lámparas de pie muestran transparentes pantallas donde revolotean mariposas de colores, impedidas de volar muy lejos. Y terminando el círculo, un carcomido mueble en cuya superficie descansan libros de carátulas lúgubres, así como un reloj de péndulo. El silencio tiene su propio sonido.

Del techo cuelgan discretas luces semejantes a pequeños faroles de una estrecha calle sin nombre ni historia.

Entonces, ella descubre algo en su rostro. El tacto que nunca le traiciona comprueba la existencia de unas vendas. La presión es ligera, pero el rechinar de las bisagras termina capturando toda su atención. Tras abrirse una puerta, aparece una figura vestida con una larga capa. Su color le recuerda la quietud de la noche. Paz.

—¿Quién eres? ¿Dónde estoy? ¿Es un hospital? —interroga ella entre sollozos.
Ante la avalancha de preguntas, él la mira con ternura. Como si midiera cada paso con sus gastadas botas, llega a un viejo mueble. Ahí permanece de pie.
—Leopoldo. No estás en un hospital, pero las monjas curaron tus heridas.
—¿Es un convento?
—Algo así —hace una pausa y carraspea—. Te vas a recuperar. Ahora, descansa.
—Tengo mucho sueño —dijo ella con un hilo de voz, mientras la luz de sus ojos se fue apagando. Sentía que su existencia flotaba en una segura y cálida dimensión.

***

Cuando ella vuelve a despertar, quiere levantarse. Fallido intento. Deja escapar un quejido entre las mantas de lana.
—Me duele el cuerpo.
—Los calmantes pronto surtirán efecto. Ten fe y paciencia. Ya pasó lo peor.

El tic tac del reloj marca las pausas entre dos desconocidos que llegan a tutearse hasta que él retoma la palabra.
—¿Cuál es tu nombre?
—No lo recuerdo.
—Debes permanecer quieta. Tienes las costillas fracturadas.
—¿Dónde estamos? —pregunta con sumo interés.
—Es un secreto. Solo puedo decirte que es un lugar olvidado con gente que ayuda al prójimo sin esperar nada a cambio.
—¿Por qué llevas esa máscara?
—Estaré cerca por si necesitas algo. Descansa —contestó evadiendo la pregunta y a paso lento, abandonó la habitación.

El tiempo arrancó las hojas del almanaque, pero también le dio las fuerzas que ella necesitaba. Hasta que decidió salir de la cama. Leopoldo no estaba cerca y pensó en darle la sorpresa.

Logró ponerse de pie. Vestía un camisón remendado y llevaba encima un chal que parecía haber sido tejido a mano. Quizás era obra de las monjas.
Su cabello castaño estaba amarrado en una cola. Dio unos pasos. Tropezó y tuvo miedo de caer. Volvió a andar descalza. Con paciencia, sus dedos retiraron los ganchos que sujetaban las vendas de su rostro. Buscó entre los objetos de la habitación un espejo. Halló un tazón de metal, pero al verse en el fondo del mismo quedó horrorizada.
—¡Oh, Dios! ¡Noo, noo!

Ella se desplomó sobre la cama, llorando con amargura, mientras cubría las profundas cicatrices con sus manos. No una sino varias imágenes pasaron por su mente. Diapositivas de aflicción. Le dolía la cabeza. Entonces, lo recordó todo. El secuestro, aquellos tipos desalmados, esa navaja que blandía en el aire…

Su nombre era Helena, hija de un acaudalado empresario de la ciudad. De golpe, alguien irrumpió en la habitación. Era Leopoldo. Quitándose la máscara, este preguntó con voz apacible:
—Dime Helena, ¿estás lista para regresar al mundo exterior?

2 comentarios sobre “Recuerdos

  1. He descubierto tu blog gracias a Literup y me alegro porque me ha gustado lo que he encontrado. Te animo a seguir trabajando en tu proyecto.
    Igualmente te invito a que te des un paseo por El zoco del escriba y compartamos un té con hierbabuena mientras charlamos de lo que prefieras.
    Es un placer haberte descubierto.
    Alberto Mrteh (El zoco del escriba)

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s