Posando con el terror

#52RetosLiterup (12 Relatos) ¡Buenas con todos! Este es mi primer relato correspondiente al mes de enero (tras haber desatado una encarnizada batalla contra el síndrome del impostor😒). Espero que les guste y dejen un comentario. Gracias mil.

Reto: La aracnofobia es un reto muy común. Haz que tu protagonista la padezca.

Había llegado mi turno. Ahí estaba yo, vestida con un top negro y jean azul, cubierta de un aura de resignación sobre un banco de madera. Sentía que las luces bañaban mi rostro esculpido con colores pastel. Momentos antes frente al espejo, le di más trabajo al bueno de Andrés. Bajo las pestañas postizas, unas gotas de sal se habían deslizado sobre mis mejillas de rubor artificial.

Entonces, los miembros del equipo adornaron mis largos dedos con sortijas de diamantes que irradiaban una luz diferente, irreal, fuera de este mundo. Pero mi aliento se detuvo cuando la vi aproximarse. Sacudí la cabeza. ¡No puedo soportarla! ¡No quiero que me toque! ¡No quiero estar cerca de ella! Quería escapar del estudio, desplegar mis alas y emprender la huida, pero me había costado tanto esfuerzo y sacrificio participar en la competencia. Respiré hondo varias veces. “Tú puedes hacerlo, Ana”, me dije a mí misma.

Estire el brazo derecho y apoyé la mano ataviada con joyas a la altura de la sien como toda una diva. Mis ojos proyectaban la inmensa calma que no abrigaba en ningún espacio de mi ser. La observé con más atención. Ella era de tamaño colosal. Poseía un cuerpo y patas peludas de color café y mostraba un abdomen en forma de almendra.

Luego, la dejaron reposar sobre mi hombro desnudo y me convertí en una estatua de piedra. Uno de ellos advirtió el terror que mis ojos destilaban y sugirió que relajara la mano para que circule la sangre. Alguien del equipo la retiró. Alcé la vista y cerré los párpados. Otra vez las lágrimas me traicionaron. Ni siquiera estábamos en la mitad de la sesión.

—Lo siento —dije con la voz casi apagada. El director de fotografía se acercó con un pañuelo desechable y secó mis lágrimas.

—Tranquila. ¿Podemos continuar? —preguntó con una mirada piadosa y respondí que lo hicieran. Volví a posar y la colocaron en mi mano.

—Esto es lo que necesitas para convertirte en una profesional —aseguró el fotógrafo, un tipo gordo de cabello corto y lacio, pero de trato agradable.

Entonces, él disparó los flashes de su cámara en los cinco minutos más largos de mi vida.

Cuando la pesadilla acabó, cuando las fotos de belleza con la tarántula habían terminado, abandoné el estudio y busqué un lugar en los peldaños de la escalera.

Estaba orgullosa de mí porque conseguí hacerlo, pero me sentí muy mal por mostrarme tan indefensa. A pesar de haber enfrentado a uno de mis terribles miedos, no tuve fuerzas para impedir la explosión de llanto.

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