Tres deseos

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Recuerdo que la tarde gris de un sábado, visité la casa de la adorable tía Betty. Tras una animada conversación en los jardines entré a la silenciosa biblioteca; no solo buscaba un libro para nutrir la mente: quería olvidar. Horas antes, mi noviazgo de cuatro años había naufragado en profundas aguas y yo era renuente en ahogarme junto con el capitán de mi corazón.

Lo cierto es que, detrás de una fila de antiquísimos libros descubrí una singular botella. “Buen lugar para ocultarla”, pensé. Sabía que a espaldas de todos, la tía Betty empinaba el codo en lagunas de vino tinto.

Capturado en las manos, mis ojos acariciaron el exterior del recipiente oscuro y liviano. Era largo y su estrecho cuello terminaba en una base muy abultada.  Un tapón coronaba la boca. Al parecer, la superficie mostraba frases escritas en una extraña lengua.

Nadie me creería, pero la botella empezó a sacudirse por sí sola. Por accidente, la destapé soltándola en el acto como si quemara y cayó como una pesada bala de atletismo. Quise salir de aquella habitación, pero estas piernas flacuchas no respondían las órdenes de mi cerebro. Tampoco podía gritar. Sentí un enorme vacío en el pecho.

La botella expulsó gigantescas olas de vapor, pero estas cedieron ante la presencia de un hombre alto y fornido de piel canela. Grandes y oscuras pupilas destacaban en su rostro de abundante barba. Su indumentaria era de estilo árabe y un turbante de cálidos tonos cubría su cabeza. Nunca olvidaré el armonioso tintineo de las cadenas plateadas que lucía en el cuello y en las muñecas, así como las sortijas, algunas con rubíes, en cada dedo de sus manos.

Hincando una rodilla en la alfombra, él bajo la cabeza e hizo una reverencia con las manos.

—Señora, le agradezco por haberme liberado y como muestra de ello, le concederé tres deseos —dijo con una potente voz.

—¿Eres… eres un genio?  —pregunté muy sorprendida.

—Usted lo ha dicho, pero puede llamarme Djinn.

Pensé que protagonizaba un maravilloso sueño o era victima de algún efecto secundario de los mil y un medicamentos que aliviaban mi tediosa enfermedad.

—Bien, en ese caso… Primero, quiero ser asexual y segundo, deseo estar sola en el lugar más alejado de la civilización. El tercer pedido lo guardaré bajo la manga.

—Sus deseos serán cumplidos, señora bonita.

No sé cuánto tiempo pasó, pero la habitación entera quedó envuelta por una densa niebla. Sin embargo, lo último que recuerdo fue aquella mirada de ébano: inalterable y misteriosa y el agradable aroma de lavandas recién cortadas.

***

Sobre una inmensa sábana de arena, dormía como un angelito, pero las ruidosas voces de los animales exóticos me trajeron de vuelta a la realidad. La brisa marina era una delicia para todos mis sentidos.

Con lentitud, me incorporé y estire cada extremidad del cuerpo. Djinn había cumplido mi segundo deseo en aquel lugar paradisíaco de color verde esperanza que pronto empecé a explorar. En el camino, me topé con una solitaria choza de madera, cubierta con abundantes hojas de palmeras.  Muy ilusionada, ingresé a mi nuevo hogar.

Luego, me dediqué a recolectar algunas frutas para saciar el hambre. Entre escalones de piedras y brillantes cascadas, por primera vez la vi. Era una niña de ojos grandes y muy tristes. Podría tener entre ocho y 10 años. Vestía blusa y pantalón de tela ligera. Estaba descalza y en sus pequeñas manos, aprisionaba algo. Pensé que el lugar estaba deshabitado.

—No deberías autoexiliarte del mundo. La tía Betty te extraña mucho y Alexander no deja de pensarte —dijo ella quebrando el silencio.

Parpadeé. No esperaba escuchar semejantes noticias. ¿De dónde me conocía? Con los dedos, peiné mi cabello desordenado por la brisa marina.

—Niña, ¿quién eres? ¿Dónde están tus padres?

—Yo soy tu pasado y ellos están con Dios —respondió  con la fortaleza de la resignación.

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De pronto, el suelo empezó a sacudirse y junto con él, la exuberante vegetación. Alcé la vista y divise un volcán, cuyo cráter expulsaba columnas de humo blanco. Muy temerosa, la pequeña huyó con sus ágiles pies y se internó en el bosque tropical, pero antes dejó caer algo. Lo recogí. Era una foto vieja. En ella, aparecía un adulto al lado de una niña. Esta esbozaba una sonrisa, mientras montaba el caballito de un carrusel… Ese señor era mi padre… y esa niña… era yo.

—¡No puede ser! —exclame con gran asombro.

***

Los temblores no tenían cuándo acabar. Ya me estaba acostumbrando a los movimientos sísmicos de la isla volcánica y no le daba mucha importancia. Dicen que los genios son muy bromistas y llegué a la conclusión que Djinn era uno de ellos al haberme traído a este lugar.

Si el gigante de tierra y lava ardiente despertaba, invocaría al hombre de piel aceitunada. Quedaba pendiente un tercer deseo. Quizás viajaría a otra isla menos agitada. Sin embargo, la última sacudida tuvo mayor intensidad y ocurrió cuando los primeros rayos del sol bañaron la playa. Abandoné la choza y una vez afuera sentí que mi cabeza era bañada por la lluvia de cenizas y barro.

Entonces, ella salió de la espesa vegetación. Corrió hacia mí y se enredó en mi cintura.

—Por favor, llámalo. ¡No quiero morir en esta isla!  ¡El volcán va a erupcionar! —suplicó ella, muy nerviosa y a punto de quebrarse.

Yo solo atinaba a abrazarla para que se calmara, mientras observaba en silencio cómo el gigante rugía y despertaba tras un largo y pesado sueño.

—¡Djinn! ¡Djinn, ayúdanos! ¡Ven pronto! —gritó ella, apartándose  de mí. En un abrir y cerrar de ojos, él apareció, sacudiendo las joyas que llevaba consigo. Un insoportable olor a gas comenzaba a invadir mis fosas nasales y con ello, la tos se apoderó de mí.

—Djinn, ¡coff! ¡coff! te pido que la pongas a salvo. ¡coff! ¡coff! Es mi último deseo.

—Pero señora…  —respondió.

—No, no te dejaré aquí. ¡Vendrás conmigo! —gritó ella, jalándome con vigor de las manos.

De pronto, nos cubrieron las sombras de enormes bloques de piedra que cayeron desde lo más alto…

El relato anterior está enmarcado en el #OrigiReto2019. Tiene 1.011 palabras y cumple el objetivo número 15: Cuenta una historia que suceda en una isla deshabitada.

Tiene los siguientes objetos ocultos: Número 16 (una persona asexual) y número 23 (una foto vieja o Polaroid).

Pueden consultar las bases del reto en los blogs de @Stiby2 y @Musajue

http://nosoyadictaaloslibros.blogspot.com

http://plumakatty.blogspot.com

Y aquí está la pegatina de diciembre: 

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